Siento Vergüenza. Por E.L.S. (Voluntaria Activista)

testimonio ELS

 

Siento vergüenza ahora, siempre fue así , la vergüenza es el eje central de mi existencia. No es culpa, no es enfado, es rechazo hacía mi misma, pero un rechazo que sólo existe cuando los demás están presentes.

Aprendí a fingir, a interpretar un papel, mi problema de salud mental que estuvo ahí desde los 12 años siempre fue invisible, no porque no estuviera, sino porque nadie lo veía, ni siquiera yo misma. Los síntomas se disfrazaron de rasgos de mi personalidad y aquello que si que podía ser visible y que disparaba las alertas de la no normalidad, se atribuía a que, simplemente, yo era así.  Empezar la vida adulta pensando que eres defectuosa o que estas tarada es una vida llena de vergüenza y de ganas constantes de querer morir. Y os preguntaréis ¿Cómo pudo pasar? ¿Era yo tan buena actriz? ¡NO!

Si lo pensamos bien, era la mejor explicación, porque nadie, ni siquiera yo, tenía la responsabilidad de hacer nada ¿Qué se podía hacer? Si es que yo era así.

La gente prefiere pensar que eres rara, a pensar que te estás muriendo por dentro, porque para eso hay que interpretar el papel de la locura que hemos visto en las películas. Para demostrar que tienes un problema de salud mental tienes que estar agitada, tienes que gritar y llevar el pelo y la ropa desaliñados, y aún así, no se te tratará con la compasión con la que cualquiera trataría a una enferma de cáncer, pero al menos, ya habrás saltado la primera valla de la carrera de obstáculos “llamada estigma” que esta sociedad le pone a las personas que tienen  un problema de salud mental. Al menos habrás superado los problemas de ocultación.

Yo iba bien peinada y bien vestida y me paralizaba como si me cubriera un cubito de hielo hasta la garganta sin dejarme emitir sonidos de auxilio. Una vez se pasaba la crisis, volvía a mi interpretación de normalidad. La última crisis de hecho, la que me hizo pedir ayuda, tuvo lugar en un evento familiar importante en el que creo que no hablé con nadie, escape de allí tan pronto como pude, cogí el coche y me fui a una casa donde sabía que no habría nadie, pase unos días sola consumiendo sustancias. Nadie se dio cuenta, pero decidí que no podía seguir así.

En ese momento comenzó mi recuperación, que significa para mí, volverte a conocer, darte una oportunidad y respetar aquello que tú eres por encima de todo. No es un camino sencillo, pero al menos, para mí, es vivir.

A día de hoy, aún me cuesta reconocer que tengo un problema de salud mental, y cuando lo digo entre personas cercanas, éstas me intentan rebatir: “que no lo tengo o que no se me nota nada”. A veces, no es suficiente con decirlo, es como si tuvieras que gritarlo y repetirlo mil veces porque nadie quiere escuchar que el de enfrente tiene un problema de salud mental.  Aunque he conseguido disociarme de mi problema de salud mental, yo ya no soy él. Convivo con él y necesito declararlo al mundo para seguir adelante.

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