EXPERIENCIA EN SALUD MENTAL: TESTIMONIO EN PRIMERA PERSONA

febrero 17, 2017

Por Sandra Huertas

Recuerdo que en la película de Lars y una chica de verdad, es la sensibilidad y la cercanía que muestran los vecinos hacia el problema de salud mental lo que ayuda al protagonista a superar  su delirio. Gracias al cariño que sienten todos por él consiguen ayudarlo, mostrándose receptivos a sus necesidades.

La verdad es que Lars ha tenido mucha suerte, si esto ocurriera en la sociedad real las personas con problemas de salud mental estarían mejor atendidas y  serían más comprendidas. En mi caso particular, se da la circunstancia, que he tenido un padre con esquizofrenia. Yo vengo de una familia sencilla, mi padre era maestro de escuela y, mientras vivió, nos dio a mi madre, a mi hermana y a mí mucho cariño, aunque también pasamos por momentos muy difíciles. En su centro educativo, sus compañeros de trabajo y sus alumnos le querían mucho.

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                                                                                                 De viaje de estudios con sus compañeros y alumnos

Ahora, como voluntaria de la Fundación y monitora del Programa Educativo Soycomotu®, he vuelto al centro educativo donde mi padre trabajaba y en el que yo pasé mis primeros años de colegio, para implementar las actividades de sensibilización y educación para la salud mental dirigidas a niños y niñas de 7 a 19 años de edad.

La verdad es que los maestros me recibieron con alegría, se emocionaron cuando escucharon el apellido “Huertas” y me relataron algunas anécdotas y recuerdos cariñosos que tenían de mi padre. También me comentaron, que aunque tuvo que coger por sus crisis la baja laboral en varias ocasiones, sus alumnos y sus compañeros de trabajo le recibían con los brazos abiertos.

padre de Sandra

                                                                                              Heredé de mi padre su amor a la fotografía

Esta experiencia personal con la esquizofrenia es la que me ha llevado a ser voluntaria en la Fundación con el fin de ayudar a cambiar las actitudes negativas hacia las personas con problemas de salud mental. Debido a la falta de información que había en aquella época sobre los problemas de salud mental, he vivido durante muchos años con una sensación de culpabilidad y de impotencia por no haber sabido acompañar y ayudar a mi padre como a mí me hubiera gustado o como él hubiera necesitado,

Hasta ahora no había sido capaz de contarlo, pero mi experiencia como monitora de la Fundación me ha llevado a tomar conciencia de la importancia y la necesidad de compartir este tipo de testimonios con los demás, para normalizar y sensibilizar sobre los problemas de salud mental y no tener vergüenza ni sentirme culpable por creer, que si decía que mi padre tenía esquizofrenia, la gente podría pensar mal de mi o de mi familia. Sin embargo, hoy puedo expresar abiertamente que me siento muy orgullosa de mi padre.

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