La psicología como proyecto de vida II

La psicología como proyecto de vida IIFecha: 20 de diciembre de 2014
Hora: 17 horas.
Lugar: Salón de Actos de la Fundación  Cattell Psicólogos.
Título: La psicología como proyecto de vida II
Ponente: Dr. D. Juan José Regadera
Discurso leído en la solemne clausura del I Ciclo de Jornadas de Psicología Comunitaria: “30 Años viviendo en Positivo”, organizadas por la Fundación Cattell Psicólogos, a propuesta de la Clínica Cattell Psicólogos con motivo de su 30 Aniversario (1984-2014), por el Dr. D. Juan José Regadera, Psicólogo Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapia en las Áreas de Clínica y Salud Mental.  Presenta, la Dra. Dª Mª Nieves Martínez-Hidalgo, Presidenta de la Fundación  Cattell Psicologos y Psicóloga Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapia en las Áreas de Clínica y Salud Mental, además de Directoria Ejecutiva de la Clínica homónima.
A continuación, transcribimos un fragmento del discurso:
Ha transcurrido un lapso de tiempo, ciertamente grande, 30 años, en el que el “proyecto inicial” lo formaban cuatro paredes como refugio de aquellos juveniles 24 años. Ahora, con 54 años, y en un lapso de tiempo, ciertamente pequeño, brota la belleza del sonido pendular que mece las armas de la espontaneidad y la creación de lo íntimo que es “conducido” y “dirigido” por inducción de experiencias, de datos y de hechos particulares de la labor terapéutica.
Queremos permanecer en el tiempo, no para buscar la felicidad, sino para ver lo que encontramos. Solo así nuestro corazón dejará de estar inquieto.
Como psicoterapeutas, hemos llegado a ser el que debemos ser. Como profesionales de la psicología, es necesario que sigamos encontrándonos a nosotros mismos, para dar con lo que aún no es. Sólo así, el presente vuelve a tener sentido porque hay futuro y el futuro, da forma al presente.
No hay nada más extraño a la proximidad jubilar que la previsión, el programa o el plan. Queremos anticiparnos a nuestro tiempo, desarrollando tareas de cooperación y altruismo más allá de los límites, hasta ahora, logrados. Y debemos realizarlas en el presente, si no, no tendría sentido lo vivido hasta ahora.
La psicología social nos enseña, que a la hora de enfrentarnos a un dilema social y elegir entre el beneficio personal y el de los demás, la persona tiene cuatro posibles alternativas que se corresponden con cuatro orientaciones de valor: la individualidad, el altruismo, la competencia y la cooperación.

Dr. Juan José Regadera

Dr. Juan José Regadera

Las últimas evidencias antropológicas, primatológicas, paleontológicas, neurobiológicas, psicológicas y de comportamiento presentadas en las conferencias de Stanford y Wasshintog dan una visión optimista de la naturaleza humana que al visión más popular y convencional facilitada por la teoría de la evolución de Darwin, de que los seres humanos son, de modo natural, agresivos y guerreros.
Las personas podemos aumentar nuestra confianza y tolerancia y desarrollar comportamiento altruistas y cooperante más allá del parentesco o la genética. Para conseguirlo, tenemos lo principal, “a nosotros mismos”, solo necesitamos crecer, despertar y ponernos manos a la obra.
Empezar a crecer cuando se lleva 30 años creciendo, despertar cuando se está despierto, parecen palabras sin sentido, y, sin embargo no lo son.
Al despertar, somos capaces de ver y de conocer las cosas que están a nuestro alrededor, incluidas las que reposan en nuestro interior. El despertar nos pone en relación con los demás, y con nosotros mismos. Cuando soñamos no importa lo que nos rodea, tampoco importa lo que somos. Podemos abrasarnos en sueños, en pasiones o en ambiciones desmedidas. Cuando despertamos alumbramos, somos luz natural, no sólo para los otros y las cosas, sino para nosotros mismos.

Nuestras vidas, son un continuo crecimiento, al que acompañan, fundamentalmente, momentos de nacimiento que se desenvuelve bañado en cierta luz. Esta luz, es la propia persona  que ilumina el mundo a través del encuentro, del diálogo, la participación, o simplemente con su presencia.

Nacimiento y despertar de algo nuevo; y ese algo no es otra cosa que nuestra intimidad personal que  evoluciona, junto a lo biológico, lo cognitivo o afectivo, hacia el alumbramiento de actitudes, que en nuestro caso, aspiran a ser altruistas y de cooperación.

En esta nueva etapa profesional, continuaremos ocupándonos, no sólo de los problemas de la vida que afectan a las personas que los padecen o están en riesgo de padecerlos, sino de la estigmatización o del prejuicio que les ocasiona sufrirlos.

Decimos “personas”, y no “enfermos”, y hablamos de “problemas”, y no de “trastornos”, porque en realidad lo que denominamos “enfermedad mental” es  sólo una vicisitud de la vida por la que atraviesan las personas que ocasionalmente la sufren.

Las personas con “enfermedades físicas” son objeto de estudio de la Medicina. Las personas con “enfermedades mentales”, lo son, al menos hasta ahora, de la psiquiatría. Las personas que presentan  “problemas”  no son objeto de estudio aunque formen parte las ciencias de la vida, son el reflejo del futuro propio que se hace manifiesto, y este es, el escenario en el que interviene la psicología.

Los problemas existenciales, son el mundo del sí-mismo, más allá de los límites del mundo circundante o del mundo social.

Formularemos una nueva pregunta:

¿Qué nos puede ofrecer el mundo exterior que sea más valioso que la persona?

Sencillamente nada.

La persona con “problemas de salud mental”, incluso para la propia medicina, no es una entidad abstracta. La persona, como vida original que es, la persona corriente que quería Unamuno, la “de carne y hueso, la que nace, sufre, y muere…la que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere; la persona que se ve y a quien se oye”, incluso desde  una visión puramente científica, sigue conservado su intimidad y el diálogo con su mundo interior.

La persona que yo soy, la persona que es usted, es el espejo de lo que seremos mañana. Es el dominio del futuro. En cada uno de nosotros el futuro se hace manifiesto.

Esta mirada hacia el otro, no es solo mirar a nuestro alrededor, como si antes no lo hubiésemos hecho, si no que nos vemos a nosotros mismos en medio de la vida.

He aquí un nuevo, viejo y paradójico modo de ver la vida que probablemente dio sustento y fue el germen que favoreció las formas tempranas de creación de estructuras grupales, las normas y las instituciones culturales que han permitido que continuemos existiendo.

¿Qué vemos, cuando miramos a nuestro alrededor después de 30 años?

 

Una instantánea de la conferencia

Una instantánea de la conferencia

Seguimos viendo personas, pero más importante, vemos el cambio en ellas. Vemos la recuperación de la inocencia y la luminosidad de una hora de alborada. Vemos el tiempo y el efecto de la cooperación.

Ahora es el momento de buscar dentro de nosotros,  y al hacerlo, descubrimos que en nuestro interior también hay algo más: el éxito de aquellos, que a nuestro lado y con su esfuerzo, han sabido encontrar la alegría y la belleza  de la vida íntima; o la valentía de los que se han atrevido a plantearse el problema de sus propias limitaciones; o la felicidad de esa persona que vivía bajo el yugo de la amargura o el resentimiento, y que ha logrado adecuar sus sueños a la realidad; o ese ser humano con multitud de complejos que ha contemplado su sentimiento de inferioridad sin relacionarlo con el futuro y sus posibilidades; o ese luchador que ha insistido en la aceptación incondicional como requisito de su propia autoestima; o esa persona plena de ingenuidad que dejó de preguntarse cómo es la vida, si alegre o triste, porque cayó en la cuenta que la vida es, sobre todo, seria.

Hemos visto el logro de sus vidas y los hechos externos que lo demuestran han servido para enriquecer nuestra propia intimidad. Y hemos puesto todo el alma en ello, con la conciencia cierta de que hasta donde no puede llegar el saber, llega siempre el amor.

Con el amor hemos intentado suplir las lagunas, inexactitudes e imprecisiones de nuestro quehacer psicoterapéutico.

En este mundo de realidades y errores, algún dolor hay que tener.

“Quien no hubiese nunca sufrido, poco o mucho, no tendría conciencia de sí”. Por eso, el éxito de la vida humana nos llega cuando nos relacionamos con las cosas y realizamos las actividades externas no quedándonos en el simple contacto superficial, sino fecundo, profundizando en nuestra vida interior, aunque ésta sea dolorosa.

Con la Conferencia y Acto de Clausura de las Jornadas de Psicología Comunitaria, damos por finalizada el I Ciclo de Jornadas de Psicología Comunitaria: “30 Años Viviendo en Positivo”, conmemorativas del 30 aniversario de la creación de la Clínica Cattell Psicólogos, patrocinadas y organizadas por la Fundación homónima, que han sido celebradas en la ciudad de Murcia a lo largo de los meses  de febrero de 2014 a julio de 2015.

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